Aprendí 5 cosas cuando dejé de comprar maquillaje por un año

Me encanta el maquillaje. Para mi, es una forma de expresión que nos da mucha libertad, y de verdad no creo que tiene reglas. Cuando empecé a invertir en mi colección ya libre de crueldad, me di cuenta de que existía una gran variedad de productos y marcas que realmente quería comprar. Cada año salían paletas de sombras, labiales e iluminadores nuevos que me urgía tener por los colores, el empaque, la marca, el concepto y otras razones generadas por la mercadotecnia.

Después de unos tres/ cuatro años de comprar y comprar, me di cuenta de que tenía muchas cosas que no estaba usando en su totalidad. Fuera de las herramientas y productos básicos como prebases, rubores, bases, delineadores y rimel; mucha de mi colección estaba casi intacta. Hasta la fecha, sólo he podido terminar una paleta de sombras completa.

Por esto me obligue a analizar por qué sentía la necesidad de comprar y comprar maquillaje nuevo, y decidí imponerme un “no buy” (no comprar en inglés) que duraría un mes del 2019. Terminé por extenderlo un año completo. 

Durante ese año, cuando veía una paleta de sombras o labial que quería comprar, me detuve a pensar por qué, y buscar entre mi colección si ya tenía tonos parecidos. Este ejercicio me ayudó a aceptar que mi comportamiento consumista estaba atado a la mercadotecnia, sobre todo de redes sociales y algunos influencers.

Al analizar mi experiencia, puedo decir que hubo 5 lecciones importantes que aprendí a lo largo de mi “no buy”.

1. Aprendí a diferenciar lo que quiero y lo que necesito.

Hay productos básicos de uso diario. Ejemplo: prebases, bases, delineador, rimel; puede que tengas un rubor, iluminador y bronceador que son perfectos para tu tono de piel, y por eso los sigues comprando una vez que se terminan. De verdad no necesitas 4 bases líquidas, 15 rubores y cientos de labiales rojos. No los usas de verdad, ni los disfrutas. 

Llegué a la conclusión de que sí hay una diferencia muy grande entre lo que quiero y lo que necesito. Por ejemplo, necesito una prebase pero quiero comprar la de cierta marca. Voy a utilizar completa la que sea que compre, por eso he llegado a la conclusión de que es importante aceptar por qué sientes que necesitas algo. 

En cuanto lo deconstruí fue cuando pude determinar cuáles son los productos que sí me acabo rápido, y cuáles duran más tiempo. Para mí, fue muy importante aprender a diferenciar entre querer y necesitar, porque me enseñó cómo rendirme cuentas a mí misma sobre mis impulsos consumistas.

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2. No comprar me enseñó la relación entre precio y calidad.

Un mismo producto puede variar de precio exponencialmente según la marca que lo vende. Para darte cuenta de esto, sólo tienes que ir a cualquier tienda departamental o supermercado, y ver cuánto cuesta el delineador o base según la marca.

¿Seguirá siendo verdad que las cosas caras tienen mayor calidad? No.

He encontrado una variedad de productos de E.L.F. Cosmetics, Ardell, Covergirl, Natura y NYX, que son igual y hasta mejores que la competencia de lujo. Cuando me di cuenta de ello, empecé a buscar las opciones más baratas para los productos básicos.

Esto me enseñó que la mejor calidad no necesariamente significa lo más caro. Hoy en día ya es posible encontrar varias opciones libres de crueldad en supermercados, que no cuestan un ojo de la cara, sobre todo considerando cuántos delineadores y rimel utilizas al año.

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3. El peso de la marca y su imagen.

Algo que aprendí sobre la publicidad en la universidad fue que no nos venden productos, sino ideas y un estilo de vida; y se puede apreciar perfectamente en el mundo de la belleza. Ese labial de lujo no es sólo un color, es lo que te hará ver mejor, lo que llamará la atención y te dará un empujón a tu autoestima. Compramos ciertas marcas por su empaque e imagen primero, calidad del producto segundo.

El empaque es una de las cosas en las que más me fijo, por alguna razón, es muy importante para mí. Ya sé que hay ciertos diseños que me llaman, y ahora, cuando se me antoja comprar algo puedo detenerme a analizar qué me llama la atención. 

Lo mismo sucede con las marcas de lujo. Nos han enseñado que cuando te sientes mal, lo mejor que puedes hacer es comprarte algo “lindo”, algo caro que te levante el ánimo. No es el producto, es la marca.

Claro que puedes tener una marca preferida, la que has comprado durante años o heredado de tu familia; la que te recomendó tu amiga y sigues amando. También existe bastante presión en redes sociales para comprar ciertas marcas por el estilo de vida que representan.

Muchas veces conviene preguntarnos por qué compras algo en específico, sólo analizando nuestros hábitos consumistas podemos cambiarlos. De verdad no necesitas comprar la misma marca siempre, ni necesitas el mismo tono de rojo pero con empaque de edición limitada. La publicidad juega un papel muy importante y, muchas veces es lo que alimenta los impulsos consumistas aunque creamos que estamos exentas.

4. Al no comprar, aprendí a apreciar lo que ya tengo.

He comprado alrededor de 15 paletas de sombras, y sólo me he podido terminar una completa. Definitivamente puedo asegurar que tengo todos los colores del arcoiris, y sí, los he usado todos. También tengo cientos de labiales y dos paletas de iluminadores.

Cuando decidí no comprar maquillaje nuevo, también me propuse usar mi colección. Así que hice un inventario, saqué lo expirado y armé un calendario de rotación para las paletas de sombras: cada semana uso una diferente. Esto me ha ayudado a aprender a hacer combinaciones nuevas, así como estar consciente de qué es lo que tengo, porque la verdad terminamos usando el mismo producto una y otra vez, y se nos olvida lo que está guardado.

Ahora, si veo algo que me llama la atención, puedo hacer memoria y saber si ya tengo algo parecido. Lo mismo con las brochas, labiales, delineadores de color y demás. Por lo mismo, sé exactamente lo que tengo y no siento la necesidad de comprar repetido.

Consejo: es importante limpiar tus productos y herramientas, así como estar consciente de su vida útil; ya que pueden guardar bacterias por mucho tiempo.

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5. Soy más creativa y me gusta experimentar.

Me encanta el color. Durante este año de no comprar pude experimentar con tonos que no uso normalmente, y por eso he descubierto cosas nuevas que me gustan. He aprendido técnicas y me he aventurado fuera de mi zona de confort.

Me gusta saber que estoy utilizando lo que tengo, es difícil de explicar, es muy gratificante sacarle provecho al maquillaje. También aprecio más los tutoriales en línea porque sé que no necesitas tener los productos exactos para seguirlos. Lo que importa es tu look final.

Una vez que aprendí a ver todas las posibilidades que existen en una paleta de sombras, nunca sentí el impulso por comprar algo nuevo. Definitivamente me siento muy feliz con lo que tengo, y si fuera a comprar algo, tendría que ser muy diferente a lo que ya tengo para que valga la pena la inversión.


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Cuando empecé mi mes de no comprar maquillaje, pensé que sería difícil pero resultó mucho más fácil. Después del tercer mes fue cuando decidí comprometerme y hacerlo por un año completo. Nunca lo dudé y, aunque sí vi uno que otro producto que se me antojaba comprar, no me pesó negarme.

Para mí fue importante no comprar maquillaje nuevo por dos razones, primero porque mi colección estaba creciendo desmedidamente, y segundo, para ahorrar dinero. No me arrepiento y, definitivamente, lo recomiendo. No tiene que ser maquillaje, puedes decidir no comprar algo que sientes que consumes demasiado como ropa, zapatos, accesorios, etc.

Creo que, como consumidores, tenemos una gran responsabilidad en qué gastamos nuestro dinero y a quién se lo damos, ya que nuestro poder de compra hace millonarios a empresas y personas.

El mejor consejo que te puedo dar es que nunca te sientas obligada a seguir tendencias, o a invertir en una marca por su símbolo de estatus. 

¿Has pensado en dejar de comprar algo en particular? ¿Te gustaría probar un “no buy”? Deja tus comentarios aquí y no olvides registrar tu correo para siempre estar enterada de las actualizaciones de Belleza Libre. 


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